Al noroeste del hipódromo, debajo de un pequeño parque, se encuentra la Cisterna Basílica, un enorme depósito de agua de época bizantina con gran cantidad de columnas. Fue construido en el siglo VI por el emperador Justiniano para recoger agua y utilizarla en la zona más importante y exclusiva de Constantinopla.
Cuando la visité por primera vez, en diciembre de 2012, me impactó su bosque de columnas; tenía agua en el fondo, se podían ver peces grandes y pequeños, caían goteras del techo y de fondo se escuchaba una bonita música. Permanecí dentro una media hora pero podría haberme quedado allí más tiempo, porque es un espacio verdaderamente mágico, onírico, de una belleza misteriosa.
En 2017 quise volver otra vez pero había comenzado una restauración total y preferí esperar a que estuviera todo completamente restaurado. Durante las obras, varias partes siguieron abiertas al público.
Finalmente en 2022 las obras se dieron por terminadas y ya se puede visitar en su totalidad.
El 27 de diciembre de 2022 volví a verla. Llegué a las 8:30 am a Alemdar Caddesi, la calle en la que se encuentra la entrada. Abrieron la taquilla a las 9:00 de la mañana. Fui el tercer visitante en entrar con lo que, durante un rato, hubo poca gente y tuve la sensación de que era un espacio sólo para mí. Básicamente era igual que 10 años antes pero estaba todo limpio y luminoso, como si lo hubieran acabado de construir. Ya no había música de fondo; sin embargo, en medio del bosque de columnas, aparecían esculturas modernas de corte o inspiración clásica que aún embellecían más el lugar. La luz era la misma pero había cambios de tonalidades cada poco tiempo. Di tres vueltas porque no quería perderme nada.
La mañana del 12 de junio de 2024 volví a visitar la cisterna. Esta vez estaba llena de gente. Permanecí menos tiempo dentro, pero me gustó tanto como las veces anteriores.
De entre las numerosas columnas llaman la atención unas que tienen estrías y ojos, y las dos cuyo basamento son dos cabezas de medusas. Se supone que fueron recicladas de otros edificios importantes de la época, probablemente del antiguo Foro de Teodosio (donde ahora se encuentra la Plaza de la Universidad y la Mezquita de Beyazıt).
Se sale de la cisterna por unas escaleras que conducen a la calle Yerebatan Caddesi, casi enfrente de Santa Sofia.
Tras la conquista otomana en 1453, se construyeron casas encima de la Cisterna Basílica, y sólo la gente que vivía allí conocía su existencia porque bajaban a por agua o pescaban desde sus casas.
A mitad del siglo XVI, Pierres Gilles, un erudito y escritor que formaba parte de una embajada francesa al sultán Solimán el Magnífico, decidió estudiar por su cuenta los monumentos de la antigua capital bizantina. Uno de sus descubrimientos fue la Cisterna Basílica.
Hay varias cisternas de época bizantina en Estambul, todas ellas muy interesantes, pero ésta es la más grande y la más espectacular de las subterráneas. Es una de las grandes atracciones turísticas de esta ciudad. Por ello, suele haber siempre una gran cantidad de turistas que la visitan.
Si se es turco se paga una cantidad por entrar y, si se es extranjero, hay otro precio considerablemente más alto. Aun así, definitivamente, es uno de esos lugares que nadie que visite Estambul debería perderse.
La Istanbulkart no sirve para entrar en la Cisterna Basílica.
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