La Mezquita del Sultán Ahmed está al lado del Hipódromo y muy cerca de Santa Sofía. Ocupa parte de lo que fue el Gran Palacio Imperial de Constantinopla. Se le llama la Mezquita Azul porque, entre sus muchos colores en el interior, predomina el azul, tanto en las paredes, cúpulas y columnas como en los azulejos de Iznik que cubren la parte baja.
Estuve allí por primera vez el 22 de diciembre de 2012. Fue la primera mezquita que visité en Estambul (excluyendo Santa Sofía que, en ese momento, era todavía un museo). Como todavía no conocía cómo funcionaban las mezquitas en Estambul, intenté entrar por el patio porticado pero no me dejaron porque por ahí sólo entraban los musulmanes. Había otra puerta que se dedicaba a los turistas, con una cola bastante larga. Pensaba que, cuando abrieran, tardaría mucho en poder llegar a la entrada; sin embargo no fue así. Cuando acabó la oración, la cola fluyó muy rápidamente y enseguida había alcanzado la puerta. Me descalcé, puse mis zapatos en unos plásticos que están ya preparados para ello y me coloqué unos calcetines encima de los míos por si estaba sucio el suelo (estaba limpísimo).
Había leído que era mucho mejor visitarla por la mañana y con sol porque entonces el interior se convertía en una explosión de luz y de color. Sin embargo, el día estaba todavía muy encapotado tras una noche en la que había nevado, con lo cual las vidrieras y ventanas no iluminaban el interior como habría sido deseable. Daba la sensación de que los azulejos, las vidrieras y los colores de las paredes estaban algo apagados. En viajes posteriores me daría cuenta de que la experiencia de la Mezquita Azul con sol es totalmente diferente.
Había leído que era mucho mejor visitarla por la mañana y con sol porque entonces el interior se convertía en una explosión de luz y de color. Sin embargo, el día estaba todavía muy encapotado tras una noche en la que había nevado, con lo cual las vidrieras y ventanas no iluminaban el interior como habría sido deseable. Daba la sensación de que los azulejos, las vidrieras y los colores de las paredes estaban algo apagados. En viajes posteriores me daría cuenta de que la experiencia de la Mezquita Azul con sol es totalmente diferente.
Lo que más me llamó la atención esta primera vez fue que el espacio interior es enorme. En ningún momento tuve ni he tenido después sensación de agobio, aun cuando esté repleta de visitantes y fieles.
Los musulmanes orantes están en la zona delantera y a los turistas nos reservan la parte de atrás, con una barrera que no se puede flanquear.
A la salida se dejan los plásticos usados en un lugar reservado para ello. Una persona pide donaciones pero sin coaccionar a nadie. Si se da algo te entregan un certificado de que has colaborado al mantenimiento de la mezquita.
Los musulmanes orantes están en la zona delantera y a los turistas nos reservan la parte de atrás, con una barrera que no se puede flanquear.
A la salida se dejan los plásticos usados en un lugar reservado para ello. Una persona pide donaciones pero sin coaccionar a nadie. Si se da algo te entregan un certificado de que has colaborado al mantenimiento de la mezquita.
El día 5 de marzo de 2013, poco antes de las 9:00 a.m., volví a esta mezquita. Fue mucho más fácil que la vez anterior. No había cola y vi muy poca gente dentro, por lo que pude disfrutar casi a solas de esta gran maravilla. A diferencia de diciembre de 2012, tuve la suerte de que el día era luminoso y soleado y todo el interior estaba lleno de luz y de color. Me fascinaron sus vidrieras y los colores de sus cúpulas y paredes, la gran alfombra de tonalidades rojas, sus grandes columnas y, sobre todo, las cerámicas azuladas y verdosas del primer piso. Daba una profunda sensación de paz y armonía. Con luz y sol es una de las mezquitas otomanas más bellas de Estambul.Volví a ella el 24 diciembre de 2018, a las 13:00 aproximadamente. Iba a comenzar la oración y le pedí al guardia de seguridad si podía rezar allí y me dijo que sí.
La mezquita estaba en obras y había muchos andamios. No fue lo mismo que las veces anteriores pero me compensó porque la experiencia de permanecer allí mientras rezaban me pareció muy interesante. Estuve sentado junto a una de las columnas, observando y rezando, mientras a mi alrededor decenas de hombres musulmanes rezaban, se postraban y escuchaban al imam. Alguno de ellos me miraba con cierta curiosidad (físicamente no me parezco demasiado a los turcos) pero nadie me dijo nada ni me sentí incómodo en ningún momento.
De 2015 a abril de 2023 se realizó una restauración integral de todo el conjunto y no siempre estuvo abierto. Actualmente las obras han terminado y la mezquita ha vuelto a la normalidad.
El 22 de diciembre de 2023, viernes, decidí intentar unirme a la última oración del día, que tuvo lugar hacia las 19:00. Aunque no soy musulmán, siento un gran respeto por los musulmanes y creo firmemente que, aunque no se tengan las mismas creencias religiosas, siempre se puede estar en silencio haciendo oración con cualquiera que esté abierto a ello.
Fui a la entrada principal y, al igual que en 2018, le pedí al guardia de seguridad si podía hacer oración en la mezquita. Me preguntó si era musulmán y le contesté que no. Entonces me respondió que, si no era musulmán, no podía pasar. Me quedé algo decepcionado porque la vez anterior no había tenido ningún problema. Pero lo entendí; es su mezquita y ellos ponen las normas.
Entonces se me ocurrió intentarlo otra vez yendo por una puerta lateral. Había otro guardia de seguridad. Empecé diciéndole que no era musulmán, por si acaso, y después le pedí si podría hacer oración en la mezquita. Muy amablemente me dijo que sí, que podía entrar; solamente me explicó que tendría que permanecer en un lugar específico, al fondo, más alla de la zona donde se sitúan los hombres musulmanes, y que no podría participar en sus ritos.
Entré en la mezquita y me senté donde se me había indicado. Al poco apareció un gato, que se colocó sigilosamente muy cerca de mí. Enseguida se cansó y se marchó.
Al principio la gente que estaba allí hacía su oración de manera personal pero, cuando el imam apareció y se puso a rezar y a cantar las suras del Corán junto al mihrab, todos los hombres se levantaron y se dirigieron hacia esa zona. Allí, todos juntos, continuaron la ceremonia rezando, cantando y postrándose.
Cuando terminó, le expresé a mi nuevo amigo el guardia cuánto me había gustado estar allí y cuán agradecido le estaba. Entonces me dijo que, si quería, podía volver al día siguiente e informarme acerca de lo que es el Islam. No lo hice porque soy un cristiano convencido; sin embargo, en agradecimiento, al despedirme hice una pequeña aportación para el mantenimiento de la mezquita y me entregaron un certificado de haberlo hecho.
La Mezquita del Sultán Ahmet o Mezquita Azul es realmente un entorno increíblemente hermoso en el que rezar o meditar. Además hay mucho silencio y mucho respeto. Y los cantos son maravillosos. Es una de mis mezquitas favoritas de Estambul.


