Yo diría que pocas ciudades del mundo gozan de un horizonte tan mágico, tan cautivador como Estambul. Hay muchos puntos desde los que contemplarlo, pero uno de los mejores, sin duda alguna imprescindible, es el Puente de Galata, no por su calidad artística ni por su belleza, sino por sus incomparables vistas, tanto si se entra desde Eminönü, la parte antigua de la ciudad, como si se hace desde Galata.
De Galata hacia Eminönü se puede ver el Cuerno de Oro a la derecha, con el Puente de Galata en primer plano, la ciudad con sus mezquitas y minaretes, el Bósforo y el Mar de Mármara a lo lejos.
De Eminönü hacia Galata se puede ver el Cuerno de Oro a la izquierda, con el Puente de Galata en primer plano, el barrio de Karaköy con la espectacular Torre de Galata en la cima de la colina, el Bósforo al fondo a la derecha y, al otro lado de éste, Üsküdar, la parte asiática de la ciudad.
El Puente de Galata es en sí un verdadero espectáculo y un hervidero de gente y de tráfico, especialmente en horas punta. Hay cientos de pescadores, incontables gaviotas sobrevolando el puente e intentando tragarse algún pez al vuelo, gente vendiendo, dos carriles de coches hacia un lado y otros dos hacia el otro, y el tranvía línea T1 que pasa por la parte central. En diciembre de 2012 me encontré a unos reporteros de una televisión entrevistando a varias personas.
A mitad del puente, unas escaleras bajan hasta una zona de restaurantes. Hay también una especie de miradores desde donde se puede contemplar el Cuerno de Oro por un lado y el Bósforo por el otro.
El actual puente, que data de 1994, es ya el quinto en este lugar. El primero y el segundo eran de madera. Éstos y el tercero fueron construidos en el siglo XIX. El cuarto puente sufrió un grave incendio en 1992 y fue reemplazado dos años después por el actual.

